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Pésaj

Subiendo las escaleras estaba yo, cuando de repente sale un chica hermosa y me lleva a su cuarto. Entro y me encuentro con un montón de hombres australianos. Todos guapísimos, amables, y muy judíos. 

Se sienta el sol y se encienden las velas. De ahí en adelante solo se que mi hebreo vale la pena, que no importa cuantos vasos hayan el vino sigue llegando, que coquetear con la húngara no es ni tantito kashrut, y que el afikomen siempre esta en el bolsillo del saco. 

Trate mil veces de hacer notas mentales de los comentarios y acciones en el lapso de las cuatro horas y media para contarte hasta el mas mínimo detalle, pero la memoria ebria me falló. Solo te puedo decir que valió mucho la caminada tambaleada de su casa a mi casa.

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